Gatos versus pepinos (Estreś I)
El estrés es algo de lo que todos hablan, pero nadie te ha explicado tan bien.
Lic. Martín Merlo
5/8/20243 min read
Hay muchos datos curiosos sobre los gatos. Pueden caer de grandes alturas parados, pueden rotar sus orejas 180º, carecen de papilas gustativas para lo dulce o pueden dormir 16 horas diarias. Dentro de tantas cosas curiosas sobre los gatos, hay una que descubrí gracias a mi hijo, la lucha de gatos vs pepinos. Desde hace unos años circulan en Youtube, videos de gatos contra pepinos. En los videos, un pepino aparece de la nada justo detrás del gato. El gato salta, arquea el lomo y se aleja, tanto y tan rápido como le es posible. En cuestión de microsegundos, el cerebro del gato identifica algo, libera adrenalina (y otras sustancias) y se pone a salvo. En algunos de los videos es posible ver al gato volver, ahora más calmado, a inspeccionar ese objeto desconocido. El cerebro del gato tiene un instinto programado: frente a algo que recuerde a un depredador (como una serpiente) hay que reaccionar. Luego se verá si era o no. Esta reacción es el estrés, una herramienta para sobrevivir. Para el gato y para nosotros. Nuestro cerebro, con su neocórtex más evolucionado, tiene la base del cerebro de un animal que era presa de depredadores. Y estos mecanismos siguen activos.
La historia del conocimiento científico del estrés también está ligada a los gatos. Fue hacia 1920, mientras Walter Cannon, un médico norteamericano, estaba investigando en un gato los mecanismos fisiológicos que regulan la tensión arterial. De pronto, un perro escapado de un laboratorio cercano irrumpió ladrando. Cannon pudo observar una secreción en las terminaciones del nervio que rodeaba una arteria, esa sustancia era la adrenalina. Además de segregar esa sustancia, los gatos que Cannon ponía en situación problemáticas mostraban otras reacciones, tales como estado de alerta, hipertensión arterial, taquicardia, contracción muscular generalizada, erizamiento de los pelos, etc. Basado en esto, Cannon consideró que estas reacciones eran apropiadas para luchar o para huir, denominando al proceso respuesta de huida o lucha, nombre que ha quedado desde entonces como uno de los paradigmas de la reacción ante el estrés.
Cuando hablamos de gatos, los ratones no andan lejos y fueron estos antagonistas de los gatos quienes ayudaron a terminar de comprender el estrés. En la década de los 30’s, el Dr. Hans Selye (un médico húngaro que vivía en Montreal), trabajaba con ratones en el nuevo campo de la endocrinología (la rama de la Medicina que estudia las glándulas y hormonas). Extraía hormonas de un ratón y la inyectaba en otros, para comprender sus funciones. Pero además del efecto de la hormona, un efecto aparecía a las 2 semanas de empezar los experimentos, todos los ratones enfermaban con los mismos síntomas. Siendo incapaz de averiguar porque, solicitó un grupo de ratones nuevos, pero llegaron justo cuando nuestro buen doctor se iba de vacaciones de Navidad. Los pobres ratones pasaron 15 días olvidados junto a una ventana abierta, en el invierno canadiense. Para su sorpresa, al regresar los ratones aun vivían, pero tenían los mismos síntomas. Su glándula suprarrenal (que libera adrenalina) crecía, sus ganglios linfáticos (que defienden al cuerpo de las enfermedades) disminuían y tenían ulceras duodenales. Estos tres síntomas aparecían si los ratones eran inyectados, si pasaban frió, si pasaban hambre, si no podían dormir o si pasaban calor. Seyle le dió vueltas y vueltas al asunto, pero no podía encontrar nada en los libros que hablara de algo así. Así, estando en la pensión donde vivía con otros estudiantes, escucho a los ingenieros hablar de la cantidad de presión que podian soportar los materiales antes de romperse y, eureka! Eso era lo que le pasaba a sus ratones, aguantaban, aguantaban y aguantaban, hasta que se rompían. Liberaban adrenalina (glándula suprarrenal) hasta más no poder, liberaban cortisol (que disminuye la función de defensa del cuerpo) pero a la larga, todos se rompían. Como su inglés no era tan bueno, transcribió mal la palabra que usaban los ingenieros, strain por stress. Pero a su director de tesis le pareció genial, una nueva palabra para un nuevo concepto.
Así, podemos entender el estrés como la respuesta de huida lucha mantenida en el tiempo. Una respuesta natural del cuerpo, necesaria para la sobrevivencia, pero, imaginemos que el gato se asusta de un pepeino y salta, solo para caer junto a otro pepino, saltar asustado y caer, nuevamente junto a otro pepino. A la larga o la corta, el gato se daría por vencido, no podría saltar más. En el caso de un ser humano, no es necesario algo tan real como un pepino. El trabajo, las relaciones interpersonales o (como ya vimos) una pandemia, activan en nosotros una respuesta cuyo objetivo es salvarnos, pero que no es efectiva contra este tipo de amenaza. Tomando las palabras del poeta Emerson “no hay conocimiento que no sea poder”, por lo tanto, el conocer qué es el estrés, cómo funciona y qué lo motiva, es el primer paso para tomar el control de la situación.


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